| Instructivo para comunicarse con los muertos |
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| Escrito por Anselmo González Madrigal |
| Jueves, 21 de Abril de 2005 00:00 |
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[4 pags. aprox]
A raíz de la publicación de mi libro Conversando con los muertos y, a pesar de que en el prólogo se manifiesta abiertamente que el mencionado libro es fruto de la ficción, que nada de lo que se narra en él pertenece a la realidad, he recibido, a través de mi editora y por mails que me han enviado a través de mi correo electrónico, un sinnúmero de relatos de mis lectores que, me aseguran, han tenido infinidad de experiencias relacionadas con la comunicación con los difuntos. Me ha llamado la atención al respecto, un mail que se ha repetido con insistencia (siete veces) y que firma un lector con el seudónimo de Fénix, quien me suplica reiteradamente que le instruya en la forma en que se pueda comunicar con los muertos, para ello y, considerando mi experiencia al respecto, le ofrezco los detalles para que logre sus propósitos deseando que tenga éxito en su aventura. Para comunicarse, de una manera infalible con los muertos, es necesario seguir a pie juntillas un instructivo que tuve la fortuna de que llegara a mis manos, no puedo revelar el origen de éste pero, me aseguraron quienes me lo entregaron que es de fiar al cien por ciento. En un día soleado, casi al amanecer, se deberá llega hasta las orillas del río de los infiernos, procurando guarecerse a la sombra de la montaña negra, la que se sitúa a la derecha del río viendo hacía el Este. Se deberá (con la mayor rapidez posible) juntar una docena (aproximadamente) de troncos de cuatro pulgadas de grosor por tres metros de largo que abundan en la orilla del río. Una vez apilados en un solo lugar estos troncos, el interesado deberá acercarse a la montaña antes descrita, en la base pétrea de ésta, nacen unas especies de lianas de casi una pulgada de diámetro, se cortarán unas diez de ellas de un metro de largo (aproximadamente) y se llevarán hasta donde se dejaron los troncos y, con este material, se procederá a armar una balsa que tendrá que ser resistente y que soporte poco más de ciento cincuenta kilos. Una vez terminado el armado de la balsa, se pondrá encima de ella una piedra de unos cuarenta kilos de peso. La mencionada piedra tendrá que tener forma rectangular. Abundan muchas con estas características en la misma orilla del río, se supone que es con la intención de facilitar el seguimiento del instructivo. Del conjunto de lianas cortadas, se apartarán dos de ellas y se anudaran para formar una sola. Si se busca con minuciosidad, en la misma orilla se encontrarán pedazos de tablones, se escogerá uno de ellos que pueda servir de remo. Una vez concluida esta labor, se arrastrará la balsa el pequeño trecho que la separa del río, y se le pondrá a flote sobre las aguas. Se deberá de subir de inmediato a la balsa ya que, podría ser arrastrada por la corriente yse frustraría el intento. A esta hora, el sol ya habrá pasado de su cenit, lo que favorece enormemente la tarea. La corriente del río no es muy fuerte, en realidad, el remo sólo servirá como una especie de timón. Una vez alejado de la orilla del río, se procurará navegar por el centro de él. A unos trescientos metros por delante, avistaremos la Laguna Estigia, que es precisamente donde desembocan las aguas de este río. Una vez llegados a la boca de la laguna, se procederá a remar tratando de llegar al centro de la misma buscando la profundidad necesaria. En realidad, la profundidad de la Laguna Estigia en sus orillas y en el centro. ¡Vaya! En toda su dimensión, es exactamente la misma, aún con las sondas más modernas y sofisticadas no se ha logrado determinar el fondo de la misma sin embargo, el instructivo señala el centro de la laguna quizá, para darle un toque dramático y volver este instructivo más truculento. Una vez llegados al centro de la laguna, daremos un vistazo a nuestro alrededor. A la izquierda, se eleva una aguja de mármol rosado de sesenta metros de altura, sesenta metros con sesenta y seis centímetros, para ser más exactos, a ésta se le conoce como la Punta Alejandrina. Se dice que el mismo Alejandro (no existen pruebas al respecto) la envió desde Egipto para que se consagrara a su nombre. La sombra que refleja en el agua la mole de la Alejandrina nos cubrirá de los rayos solares y, entonces, se procederá a lo siguiente. Con las dos lianas que se ataron y formaron una sola, se atará fuertemente el bloque de piedra, haciendo un nudo resistente que no corra el riesgo de zafarse, en la otra punta de la liana, se armará un nudo corredizo, el cual ajustaremos a nuestro cuello. Una vez terminados estos preparativos, se levanta la piedra de la balsa y se arroja al agua, no es necesario esforzarse por lanzarla lejos, con el simple hecho de dejarla deslizarse de la balsa es suficiente. Al realizar este acto, el ímpetu de la piedra nos obligará a ir tras de ella, lo cual haremos aún en contra de nuestra voluntad. Una vez en el agua, comenzaremos a contar, calculando que cuarenta segundos son suficientes para lograr nuestro cometido. Al caer al agua, el frío de esta nos sorprenderá, se calcula que el agua de la laguna tiene una temperatura de dos grados bajo cero pero, tiene la peculiaridad de no congelarse jamás. Se dice que debido a la reacción que provoca el agua helada en la mente de aquellos que se han aventurado a esta experiencia, les impide comenzar a contar los segundos desde el momento en que entran al agua y, hay que subrayar esta cuestión, el conteo es uno de los puntos más importantes para el buen éxito de nuestro cometido. Bien, has caído al agua, una vez que sales del estupor que te causa lo frío de ésta, comienzas a contar, sólo que, después del primer segundo, interrumpes el conteo y tomas conciencia de lo que estás haciendo, te ases desesperadamente a la liana que, atada a la piedra y a tu cuello te arrastra inexorablemente en su caída. Sientes que vas a demasiada velocidad hacia el fondo, el peso de la piedra está acelerando la caída, sin embargo y, a pesar de que no te has dado cuenta, hace ya diez segundos que caíste al agua pero, a ti, ¡se te ha olvidado que tenías que contar! Sientes que un peso se está apoyando sobre tu pecho y, te imaginas que eres un globo al que le han echado demasiado aire. Sientes el cráneo a punto de estallar, y tus órbitas a punto de desprenderse de sus cuencas sin embargo, algo revienta en tus oídos y te sientes liberado de esa espantosa presión pero, no alcanzas a ufanarte de ese pequeño alivio porque, apenas alcanzas a percibir las últimas señales que te envía tu convulsionado cerebro ya que tu cuerpo sigue descendiendo hacía las oscuridades como una simple masa amorfa dejando tras de sí una pequeña estela sanguinolenta. Aquí quisiera hacer un pequeño paréntesis ilustrativo. (Después de millones de años, desde los umbrales de la vida humana, se ha tratado (sin conseguirlo) de desentrañar los arcanos que existen más allá de las sombras que ocultan a nuestra mirada la certeza de otra vida. Los estudios científicos que se han llevado a cabo con toda la seriedad que requiere tal materia, no han podido determinar la causa de que los muertos se nieguen a comunicarse con los vivos, existen varias versiones al respecto pero todo se basa en conjeturas sin fundamento. Mientras te doy esta explicación, sigues descendiendo hacía las profundidades de las aguas de la laguna. La presión del agua ha aplastado tu cuerpo pero éste, tozudamente sigue el rumbo que le has señalado, unos segundos después y, cuando ya has avanzado más de trescientos metros por las profundidades, la liana, por el peso de la piedra, parte tu cuerpo en dos y tus restos, por efectos de la inercia, siguen descendiendo por unos cuantos metros más pero, ya sin tu cabeza, y sin el empuje original, como desganados, negándose a continuar esa loca carrera que has emprendido y, quedan entre las aguas, como pequeños pecios sin movimientos visibles. Tu cabeza sigue cayendo, como si buscara algo en la negrura del fondo. Hasta aquí el instructivo (el único que conozco) si lo sigues al pie de la letra, estoy seguro de que te saldrás con la tuya pero, ahora tendrás dos problemas. Jamás podrás comunicarte con los muertos, tampoco con los vivos pero, al menos, terminarás para siempre con esas dudas que oprimen tu pensamiento.
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