| Unas preguntas de rigor a... José Antonio Suárez [2009] |
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| Escrito por NGC 3660 |
| Miércoles, 25 de Marzo de 2009 21:46 |
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[6 pags. aprox]
Para iniciar este segundo encuentro, me permito empezar citándome a mí misma; utilizando el comienzo de mi comentario de la última novela de José Antonio Suárez, La luz del infinito: «José Antonio Suárez es, indiscutiblemente, uno de los grandes. Lo demuestra una y otra vez configurando cada nueva historia; empleando la ciencia ficción hard de manera instructiva, entretenida, comprensible. Por tanto él es un crack...»
Y, a pesar de que él no está de acuerdo con esta afirmación, lo que me parece perfecto, creo que es un buen comienzo y una breve pero certera presentación del autor. Pero, allá vamos:
Desde el año 2006, año en que NGC te entrevistó por primera y única vez, ha llovido un poco. Dinos, ¿cómo ves la evolución de la cifi en estos casi tres años? (Tanto a nivel de edición como de producción. Hemos conocido tiempos peores. A mediados de los noventa, se produjo la última oscilación del péndulo y el mundillo quedó reducido a un erial. Ahora, la situación está mejor, pero arrastramos los mismos defectos de siempre, y que se pueden resumir en una palabra: amateurismo. No se concede valor al trabajo del escritor, que se convierte en el eslabón más débil de la cadena. Hace año y medio, con ocasión de una firma de libros en Madrid, conocí a Natividad Navarro, de la editorial Ábaco. Se avecinaba una recesión económica y el futuro que se cernía sobre la editorial era sombrío. Desgraciadamente, nuestras previsiones se hicieron realidad meses después, pues la editorial cerró y liquidamos el contrato de Almas mortales (hablaré de esta novela más adelante). Pensé que no volvería ya a tener noticias suyas, hasta que hace unos meses, recibí un cheque, que no tenía obligación de enviarme, pues ya me había rendido cuentas del libro. Y ahora os preguntaréis a qué viene todo esto. Bien, yo concedo mucha importancia a la palabra dada y a que los editores aprecien nuestro trabajo y nos tomen en serio. Aunque la cantidad del cheque era modesta, para mí tuvo mucho valor. No tenía por qué habérmelo enviado, pero lo hizo. Para mí, ese gesto, y no la cantidad, es lo que cuenta. Recuerdo los casos de Philip K. Dick, que en más de una ocasión admitió que compraba carne de caballo enlatada por falta de dinero, o recientemente, el de Thomas M. Disch, que se suicidó, arruinado y a punto de ser desahuciado de su casa por falta de pago. Y fijaos que eso sucede en los Estados Unidos, el país de las oportunidades. ¿Podéis imaginaros cuál es la situación aquí? ¿Por qué razón creéis que la mayoría de los que escribían ciencia ficción hace unos años han abandonado el género? ¿En qué has cambiado tú como autor? Las personas vamos cambiando con la edad; no somos las mismas que cuando teníamos veinte años y veíamos el mundo con otros ojos. Ni siquiera nuestro cuerpo es el mismo, nuevas células renuevan el organismo sin que nos demos cuenta. Bueno, sí podemos percatarnos de ese silencioso cambio cuando comparamos fotografías de hace veinte años con una actual. Las preferencias personales también varían con el tiempo, algunos lo llaman evolución; yo creo que es simplemente cambio. Recuerdo una frase de G´kar (soy fan de Babylon 5), cuando define qué es la vida: dolor y lucha. Las dificultades nos impulsan a crecer como personas. Personalmente, he sufrido algunas experiencias muy amargas en los últimos años; la más traumática, la muerte de una hermana, víctima del cáncer. Aún no me he recuperado de eso. La recuerdo casi todos los días, en la cama del hospital, muriéndose poco a poco, y yo sin poder hacer nada, contemplando cómo su vida llegaba a su fin. Todo esto afecta a tu forma de ver el mundo, pero en eso consiste la vida: es un continuo proceso de aprendizaje, con experiencias buenas y malas. Supongo que el secreto consiste en superar los obstáculos y aprender algo durante el proceso. ¿Qué crees que se te queda aún grande? La novela histórica. Es un género que, aunque me apetece, no me he atrevido a abordar, pero puede que algún día me decida a escribir algo, si tengo una buena idea que no esté trillada. Por el camino, decidiste desechar… Pensaba estudiar una carrera de ciencias, biología o ingeniería forestal. Por apuros económicos familiares, no pude hacerlo. La verdad es que ahora, visto en perspectiva, considero que el camino que seguí fue el acertado, pero la ciencia nunca me ha abandonado, he intentado tratarla con respeto en mis novelas y no he renegado de ella, como sí han hecho otras personas, que la consideran un lastre para la dignificación de la ciencia ficción. Si a la CF le quitamos la ciencia, ¿qué nos queda? Sigo sin comprender por qué en los círculos académicos y literarios se la ningunea, como si no fuese parte de nuestra cultura, como si especular sobre nuestro futuro fuese irrelevante. Estáis leyendo esta entrevista gracias a la labor de científicos, que se pusieron manos a la obra e inventaron los microchips, los satélites, Internet y un montón de cachivaches sin los cuales, nuestra vida sería ahora muy diferente. ![]() Y centrándonos en La luz del infinito… ¿Qué tal acogida está teniendo la novela? A la novela todavía le queda rodaje, ya que ha salido hace poco, pero las críticas que he podido leer en Internet son todas positivas, lo cual, lógicamente, me alegra mucho. Cuéntanos, ¿cuáles fueron esta vez tus fuentes de inspiración? La novela trata algunos temas actuales, pero llevados a un marco futuro, donde se exageran sus consecuencias. Los emigrantes, el rechazo al que es diferente, la obsesión de los gobiernos por controlar a sus ciudadanos, la creación de un futuro estado global que acabe esclavizando al individuo, son cuestiones que planean a lo largo del libro. La realidad es la mejor fuente de ideas para crear una obra de ficción. En cuanto al desarrollo tecnológico de la sociedad que nos describes, ¿cómo lo configuras? Quiero decir que en la mayoría de tus creaciones, también en La luz del infinito, toda aquella tecnología que nos muestras —ciudades, naves, simples objetos—, parece estar rodeada de una entendible coherencia, ¿cuál es tu método? ¿Investigas a fondo? ¿Cuesta imaginar los futuros que terminas describiendo o, por el contrario, surgen de manera prácticamente espontánea? Y, ¿cómo haces posible que lo entregues al lector con tanta naturalidad? Últimamente, he intentado contener la tecnojerga todo lo que puedo; los avances científicos acaban superando nuestra ficción, y dedicar páginas y páginas a explicaciones que no vienen al caso ahora me parece un ejercicio inútil, así que intento sintetizar y exponer en pinceladas la ciencia que hay detrás, pero sin abrumar al lector. La idea que da título al nombre (y que aquí no voy a desvelar, tranquilos) habrá gente que no se la crea y la rechazará sin más, pero por un momento, me gustaría que el lector reflexionase sobre ellla y pensase en sus implicaciones, que algunas personas más capacitadas, como el astrofísico J. Richard Gott, han desarrollado de forma científica y coherente con las leyes de la naturaleza. Creo que el que más o el que menos, se ha debido percatar que en más de una producción tuya existen las conspiraciones terroristas. ¿Por qué algo tan peliagudo sale de una manera tan recurrente en tus relatos? Vivimos en un mundo dominado por el miedo. Y ese miedo puede ser administrado por nuestros dirigentes para conseguir determinados objetivos. En nuestra historia democrática, es raro el día que los telediarios no hablen del terrorismo. Es duro decir esto, pero al final te acabas acostumbrando. Parece que los americanos vivían muy seguros en su país, hasta que en 2001, todo cambió. El mundo cambió. El terrorismo es ahora una bandera negra que los políticos agitan constantemente para imponer al pueblo medidas que poco a poco, irán cercenando nuestras libertades. Ya que hablamos de fechas, hace unas semanas releí 1984. En la novela, el estado de Oceanía libra una batalla contra un enemigo, no importa realmente cuál es, pero las bombas caen de forma lenta y constante en Londres y el Estado utiliza el miedo para sojuzgar a la población. Al final, George Orwell sugiere que no hay ninguna guerra, que todo es una farsa creada por sus dirigentes para perpetuarse en el poder. Otro George, de apellido Lucas, narró en los episodios 1 a 3 de Star Wars el plan del canciller Palpatine para perpetuarse en el poder mediante una guerra falsa, preludio de una dictadura en la que él sería emperador. Es la misma idea. Sé que es un clásico de las preguntas, pero no debe faltar. ¿Qué personaje, de los que aparecen en La luz del infinito, te hace sentir más orgulloso? El embajador Tahawi. Es el representante en la Tierra del opresor gobierno suryano, y en principio, debería ser malvado; pero Tahawi acaba siendo consciente de las injustas decisiones de sus dirigentes, y de adónde conducirá todo eso. Puede cruzarse de brazos y limitarse a cumplir su papel, o hacer algo, aún sabiendo el precio que tendrá que pagar por ello. Y Tahawi termina realizando su elección. ¿Qué personaje, a toro pasado, ha terminado dejando algo que desear? Niit. Creo que no la desarrollé todo lo que merecía. Discúlpame, Niit, la próxima vez lo haré mejor. Entre tú y yo, aunque sé la respuesta, ¿quiénes son verdaderamente los malos? Los malos son los intolerantes, las personas que no consideran humano a quien es diferente, aquéllos que se sienten elegidos por la historia para una misión, y esos malos están en ambos bandos: en los errantes, porque se creen superiores a los humanos, y en los terrestres, porque piensan que los errantes son cosas, y por tanto, pueden ser objeto de comercio, sin darse cuenta de que los errantes son ellos mismos, personas que se negaron a aceptar su condición de mortales, y que no han cometido otro pecado que el de querer seguir viviendo. Dejando a un lado tus fuentes de inspiración, ¿cómo surgió exactamente la idea de una raza errante? La luz del infinito entronca con una novela anterior, Almas mortales, que publicó la editorial Ábaco, a la que me he referido antes. En aquella novela se narraba la ascensión de los aranos (precursores de los errantes), que idean un ambicioso plan para explorar las estrellas a partir de sondas que se instalarían en los cometas del cinturón de Kuiper; plan que no es objeto de la novela, porque su realización práctica quedaría postergada al futuro remoto. La luz del infinito transcurre en ese futuro, varios siglos después; digamos que sigue la misma línea temporal, que inicié en Peregrinos de Marte, donde surge por primera vez la idea de los aranos. No concibo estas novelas como integrantes de una serie o trilogía, se trata de obras independientes que no comparten personajes ni argumento, pero intento que guarden una coherencia cronológica. Como decía, esas sondas han llegado a su destino y el ser humano es rebasado, dejado atrás. El nombre de los errantes está inspirado en la mitología hindú y en las creencias de la reencarnación. Surya, Varuna, Indra, son nombres reales sacados de ese corpus religioso oriental, que ha fascinado por su originalidad a tantos escritores. Sus fieles no consideran que la reencarnación sea una bendición, sino un purgatorio por nuestros pecados. ¿Es la vida eterna un regalo o una condena? Es un planteamiento filosófico muy interesante. Se te ve muy concienciado, o eso parece, con la desaparición de ciertas especies animales. ¿Es así? Háblanos de los narvales. ¿Es premeditada la intervención de esta otra raza en la trama? ¿Cómo surgió la idea de los narvales? Los narvales están abocados a la extinción por la acción de los suryanos, que llegaron a su planeta natal, arrasaron lo que pudieron y después se marcharon. Creo que es evidente lo que pretendo decir con eso. Surya somos nosotros, la civilización occidental; estamos esquilmando nuestro planeta y pronto lo vamos a pagar caro. Nuestros dirigentes creían que podían seguir arrasando la biosfera porque el precio lo pagarían otros. Se equivocaron. Vamos a sufrir esas consecuencias en el curso de nuestras vidas, y nuestros hijos heredarán un planeta con problemas gravísimos, que requerirán mucha ciencia para solucionarlos. Creo que ésta es la principal amenaza a la que se enfrenta la humanidad; no es la crisis económica, no es el terrorismo, no es el hambre en el mundo. Es nuestra supervivencia como especie. Y quizá seamos los únicos seres inteligentes (lo de inteligentes es una forma de hablar) que hay en el universo. Si desaparecemos, esa pérdida podría ser definitiva. Cierto ex presidente de los Estados Unidos dijo que la solución a los incendios era talar los bosques. Otro ex presidente, esa vez español, se ha apuntado a la corriente de los negacionistas del cambio climático, como si pudiéramos trivializar con un asunto tan serio como ése. Igual es que tenemos los políticos que nos merecemos. Y ya puestos, una pregunta que puede parecer extraña pero que tú y yo sabemos que no lo es. ¿Qué opinas de la raza humana? ¿Cuál es el futuro que verdaderamente le auguras? Yo recomendaría, a todos los que piensan que podemos seguir jugando a la ruleta rusa con el cambio climático, que viesen el documental «Seis grados que podrían cambiar el mundo.» Para qué leer historias de terror, si la realidad supera a cualquier novela de vampiros que podáis imaginar. ¿Qué opinas sobre la inmortalidad? ¿Crees que nos acercaremos en algún momento a la evolución de los errantes? Para contestar a esa pregunta, antes tendríamos que responder a ésta: ¿tiene futuro la humanidad? ¿Seremos capaces de superar con éxito los enormes retos a que nos enfrentaremos en el futuro próximo? Aunque no lo parezca, suelo mirar al futuro con optimismo, porque creo en el poder de la ciencia para cambiar el mundo y a nosotros mismos. Y será la ciencia quien nos brindará las herramientas para acabar superando el atolladero del cambio climático, en que nos hemos metido. Aunque será a costa de dolorosos sacrificios. A partir de ahí, todas las opciones están abiertas. Creo que la esperanza de vida del ser humano se verá incrementada en el futuro con la creación de nanomáquinas, capaces de reparar tejidos dañados y atacar tumores. El tema de la inmortalidad se deriva de lo anterior. A medida que avancen nuestros conocimientos acerca del funcionamiento del cerebro, podremos crear prótesis que se comuniquen a un nivel básico con el funcionamiento de las neuronas, una especie de «código máquina» biológico, que aún no hemos sido capaces de desentrañar. ¿Habrá errantes en el futuro? No lo sé, me gustaría creer que sí. Continuemos en el futuro. Cuéntanos brevemente, hasta donde puedas, qué hay de tu próximo proyecto, porque ya existe al menos la idea, ¿no es así? Tengo apalabrada una novela con una editorial, nueva para mí (pero no para vosotros) con la que me hacía mucha ilusión colaborar. En esta ocasión, la historia no es ciencia ficción. Trata temas muy espinosos inspirados en la problemática de nuestro país y ya avanzo que será polémica y dará que hablar. Para los amantes de las etiquetas, yo la definiría como política especulativa, pero eso sería simplificar demasiado. Mientras me documentaba acerca del libro, me sorprendió que nadie hubiera tratado el tema antes, al menos que yo sepa. Creo que en España aún quedan muchos temas tabú que nadie desea abordar.
Pues no te pongas triste. La luz del infinito marca para mí un fin de ciclo, y la novela que te acabo de mencionar será el inicio de otro; no pienso que haya una ruptura demasiado grande, porque aunque el continente cambia, esto es, dejo la ciencia ficción, esas «historias de naves» que tanto desprecian quienes miran al género desde fuera (e incluso algunos de dentro), los temas de fondo que seguiré tratando en mis libros serán similares. Quizá regrese a la ciencia ficción en el futuro, pero en principio, no creo que sea a medio plazo.
¡Que NGC no quede canibalizada por otros portales y mantenga su rinconcito! Aprecio mucho vuestro proyecto, Pilar, sé lo duro que es llevar adelante todo ese trabajo, y el poco reconocimiento que a veces se obtiene. No te desanimes. Todos los que amamos la CF te lo agradeceremos.
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