| Hijos de los hombres |
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| Escrito por Joan Antoni Fernández | |
| Martes, 14 de Noviembre de 2006 00:00 | |
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P.D. James es conocida como la Dama del Crimen por su extensa obra literaria dentro del género policiaco. En 1992 cambió ligeramente de registro y publicó Children of Men, una obra que puede ser considerada de ciencia ficción, aunque de forma tangencial. La escritora siempre acostumbra a desarrollar en sus obras una trama compleja donde las cuestiones morales chocan con el día a día de los protagonistas. Así el conflicto entre la honestidad y la supervivencia, el influjo de la violencia sobre el carácter, la educación y el cariño, todo es hábilmente empleado para crear historias de sentimientos, mostrando paradojas que intentan cautivar al lector. Con semejante premisa no es de extrañar que Children of Men sea una historia de sentimientos. Insisto, la esterilidad de la raza humana es sólo un pretexto, una simple elipsis para mostrarnos una esterilidad mucho más profunda y perturbadora, la de nuestras propias conciencias. Aclarado este punto, pasemos a la película. El director mexicano Alfonso Cuarón se dio a conocer internacionalmente con la película Y tu mamá también, donde explicaba el viaje iniciático de un par de jóvenes y en la que pudimos admirar tal vez la mejor actuación de Maribel Verdú. Luego seguiría el éxito de Harry Potter y el prisionero de Azkaban, de la que no puedo opinar nada debido a mi personal repulsión hacia las “harrypotadas”. También ha contribuido en la producción de El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro. Es pues un director de bastantes registros y que muestra una obra como mínimo interesante. La película está narrada con brío. Las casi dos horas de duración no se hacen nada pesadas, y eso que el protagonista casi fagocita toda la pantalla al salir prácticamente en la totalidad de las escenas. Las fans de Clive Owen están de enhorabuena, puedo atestiguarlo. Pero, vuelvo a insistir, no estamos ante una película de ciencia-ficción. No creo desvelar nada a nadie si explico que el argumento sitúa la acción en el cercano año 2027. Es la era post-Omega, un momento donde la Humanidad dejó de engendrar hijos. Precisamente la película comienza con la noticia de que la persona más joven del planeta, un argentino llamado Diego, acaba de morir asesinado por un fan enloquecido. Una sensación de amargura y tristeza se apodera de todo el género humano. Y en ese estado de cosas, los atentados terroristas siguen matando gente. Casi siguiendo las directrices del movimiento Dogma, Cuarón se lanza cámara en ristre a seguir las andanzas de Theo, muy bien protagonizado por Clive Owen. Vamos siempre un paso por detrás suyo mientras corre, se esconde, siempre observando entre cínico y esperanzado el extraño mundo que le ha tocado vivir. La acción es muy lineal, no hay saltos en el tiempo ni flash-backs innecesarios, todas las escenas acontecen en orden cronológico y se desarrollan en tiempo real. Incluso cuando en un momento dado el personaje de Jasper (espléndido Michael Caine) explica el pasado de Theo, éste aparece en primer plano mientras el otro va narrando la historia desde el fondo, desenfocado. El rostro del protagonista subraya las palabras de su amigo en una de las escenas más bellamente resueltas del film. Escenas fabulosas las hay a montones, como el ataque al vehículo de los fugitivos en medio del bosque y que acaba de forma tan dramática. No obstante, mi escena favorita es cuando Theo escapa con Kee y va intentando poner en marcha un coche que se niega a arrancar, perseguido por los terroristas, descalzo y con los pies doloridos. Ello dará ocasión a que el pobre tenga que ir cambiando de zapatos durante gran parte del metraje, usando un calzado muy variopinto. Si analizamos el film casi nos encontramos con una película de guerra. Las andanzas de Theo se asemejan sobremanera a las de cualquier reportero gráfico en el conflicto de Bosnia, por ejemplo. Sin saber por qué en algún momento me vino a la memoria Territorio comanche, especialmente en las escenas de enfrentamientos, en esa lucha de guerrilla calle a calle o cuando el tanque dispara contra el edificio donde están refugiados los fugitivos. Aparcada la premisa de la infertilidad humana, parecía que nos contaran la guerra de Irak, o la de Beirut, o la de... ¡Hay tantas y tan actuales! Resumiendo, nos encontramos ante una bella película de sentimientos, donde no existe ningún héroe ni, en realidad, ningún villano. Tal vez haya demasiados personajes arquetípicos, algunos simples esbozos. Pero esbozos potentes: cada cual actúa según su conciencia, según su posición, según su suerte. Eso es bello y terrible a la vez. Nuestro protagonista, el personaje mejor construido, no es un tipo que derroche valor, no es el clásico héroe que afronta todos los peligros sin pestañear. Simplemente trata de hacer lo que considera justo, intenta sobrevivir pero con dignidad, algo que resulta muy difícil. Lo digo por tercera vez: no estamos ante una película de ciencia-ficción. Esa gente que apedrea trenes, esas bombas que estallan en medio de la calle, esos refugiados que son maltratados y metidos en campos de concentración, esas calles sucias donde malvive gran parte de la humanidad, esas guerras fraticidas, ese terrorismo sin sentido, todo eso existe ya. Sólo hay que encender la tele o leer un diario para comprobar que no hace falta esperar al año 2027. Nuestra esterilidad moral ya ha llegado. El bello y poético final, del cual sólo suprimiría los últimos fotogramas que dan paso a una esperanza imposible, rubrica un film bien resuelto. Tal vez la película no sea del todo redonda, puede que en algunos momentos muestre su vocación de serie B, pero sin duda se trata de una serie B de la buena. No hacen falta complicados efectos especiales, la trama se sostiene y nos atrapa por sí sola, sin subterfugios artificiales. Sin duda este film no es una auténtica obra de arte, no pasará a la historia de la ciencia ficción como un clásico a la altura de Blade Runner, pese a mostrar algo de su desesperanza, Ni siquiera al nivel de Soylent Green, aunque intenta ser igual de apocalíptico. Me temo que no pasará a la historia de las mejores películas de ciencia-ficción. Pero es que no se trataba de una película de ciencia ficción. Y eso sí que da miedo.
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Con efectos inteligentes (su ausencia), logra a través de la fotografía involucrar al que lo ve con algunos esquemas que poseemos, imágenes frías, atónicas, sucias, que nos remontan a las imágenes que se nos presentó, (y que si lo hacen unos pocos, ya es válido) durante una década acerca del cómo eran Kosovo, Praga y todas esas líricas y opulentas ciudades, que cada vez que quieren nacer, se les esteriliza.
Sin embargo, este llamado no es nuevo, cada cierto tiempo aparece el arte haciendo un llamado de atención a la sociedad, puede ser hasta “popero”, la presentación de un problema social real que está en el clóset, como la visión actual de un “Che” vendedor de poleras y de la revolución como una etapa de identificación o tranca, mas que de su discurso y enorme trasfondo.
Como muchas cosas en este mundo lleno de amor (sin-muerte), aunque algunos asuntos si debieran morir, quedo con gusto a poco, el director se acerca, queda tangencialmente a la propuesta, es como un estudio descriptivo, no aporta una solución, se necesita nacer, no mostrar que es posible nacer, de proponer, se critica algo y se termina siendo parte de ello, aunque distanciándose mediante una herramienta y argumento inteligente, que podría trascender si fuese un poco mas egoísta en su presentación.
Con todo, deja algunas enseñanzas del como es la vida desde hace unas frías décadas:
Para sobrevivir, ser mediocre…… no confiar en el conservador, el fascista, pero tampoco ser un “terrorista”, comunista o socialista por que te traicionan. O de otro punto de vista, se está vivo (entendiéndolo como la sola posibilidad de ser parte del medio) mientras se es ambiguo. Aunque algún día se vomite a quienes no sean ni fríos ni calientes (Apo 3:16)
Difícilmente se puede ser feliz, ya que la emoción es reprimida, invalidada y vergonzosa para la ciencia que todo lo vale.
Aunque pases a la historia como loco, rebelde, o drogadicto, vale la pena nacer, ser rebelde, como lo plantea tácitamente a través de la rica banda sonora, Beatles, Stones, Hush, y varios de los clasicos ingleses, que “sonaban” en el 2027. y que en su época marcaron con sus letras obsenas, atrevidas, y sexuales, y que paraun intelectual de hoy es obligatoriamente fruto de culto casi como la semiótica.
Existe una posibilidad de estar vivo, rebelándose y este es parir en un establo (a una chica hace tiempo le dio resultado, aun se habla de ella), sintiendo miedo cuando el auto no parte y los malos están a punto de atraparte, siendo el gitano feo, hediondo y postergado que ayuda a que el mundo resurja, etc.
Por otra parte, se rescata el llamado a influir en otros, con una amplia gama de direcciones e interpretaciones que se realiza, queda la necesidad de imitar el llamado a que otros se hagan preguntas a través de nuestra visión, quizá alguno de ellos logre algo, si es que no lo hacemos nosotros y se queda medianamente vivo para verlo, pese a la orientación política o marco social. Junto con este llamado esta aquel de tolerar a quien es o quiere ser distinto, por opción madura, por etapa vital o cualquier motivo.
EL estado de terror de la pérdida de poder por una cuestión externa, además de ser un error básico del modelo atribucional, hace que la incertidumbre económica está lejos de toda humanización, cercano a la empiria y ciencia, sea como un cáncer, que viene desde dentro, desde el mismo comportamiento humano y lejos de lo que hoy es utopicamente bello, virtuoso, de la felicidad y del bien (o cercano al concepto que algunos filósofos daban a esto).
Para acercarse a lo histórico, lo social y lo creador, se debe conocer el cosmos, la totalidad, ello parte por aceptar y aceptarse, no olvidar que el punto de partida es el ser mismo y no el entorno, no dejar de ser real y pasar a ser una ilusión …… o alucinación.