| Unas preguntas de rigor a... Rodolfo Martínez [2005] |
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| Escrito por NGC 3660 |
| Sábado, 09 de Abril de 2005 00:00 |
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[11 pags. aprox]
Pues, como puedes suponer, estupendamente. No hace falta que explique por qué, supongo: la publicación con Minotauro, el esfuerzo promocional importante que la editorial está haciendo, la posibilidad de llegar a un público más amplio del habitual, la dotación económica, el reconocimiento que supone a mi trayectoria como escritor… En fin, te lo puedes imaginar. Háblanos de Los sicarios del cielo. ¿Cómo fue concebida? La historia nació un poco por casualidad, hace ya unos cuantos años. Allá por 1997 y mientras iba a trabajar fui dándole vueltas a unas cuantas ideas que tenía en la cabeza: poco a poco fueron encajando y, en unos minutos, tenía las líneas básicas de la novela completamente resueltas. A partir de ahí era cuestión de ir probando hasta dar con el enfoque, con el «tono narrativo» adecuado para la novela. Generalmente esto suele requerirme un par de intentos fallidos, pero en este caso no fue así: di con ello a la primera y la novela fue escribiéndose con facilidad, sin problemas. Sin embargo, un par de meses más tarde y cuando tenía escrito aproximadamente una cuarta parte de lo que sería la novela terminada, me detuve. No estoy muy seguro de por qué: no tenía dudas en cuanto al desarrollo posterior de la historia, pero de algún modo tenía la sensación de que me faltaba algo. Así estuve varios años (durante los que escribí algunas otras cosas). De vez en cuando volvía a lo que tenía escrito, lo repasaba, le daba vueltas, pero no terminaba de encajar. Finalmente, en el 2003, se produjo la conexión. Vi qué elementos necesitaba la novela y cómo integrarlos en ella. A partir de ahí, las cosas volvieron a fluir y en unos meses rematé la primera versión, no muy distinta de la que se ha publicado estos días. Los cambios fueron, en general, asuntos menores: pequeñas correcciones, alguna ampliación de alguna secuencia, este tipo de cosas.
¿Y después del premio Minotauro, qué? ¿Cuál es tu próxima meta, tus nuevos proyectos…? Como ya sabréis, en mayo sale a la venta Sherlock Holmes y las huellas del poeta, en Bibliópolis Fantástica. Es una de las novelas que más he disfrutado escribiendo (y que, como me pasa casi siempre que me enfrento con un trabajo holmesiano, parece haberse escrito sola) y creo que es uno de mis trabajos más logrados, entretenidos y mejor acabados. Para el futuro… bien, hay un par de ideas para una novela que aún estoy terminando de encajar adecuadamente, así que de momento, no diré nada.
Y para terminar con el apartado premios (y sobre todo para aquellos que aún no conozcan tu currículum en profundidad), ¿qué otros premios has recibido y de cuál de todos ellos te sientes más satisfecho? Todos me han producido satisfacción de algún tipo. Un premio es, sobre todo, un reconocimiento al trabajo que haces. Y eso, por supuesto, siempre es importante y agradable. En cuanto a los premios que he recibido, no sé si es conveniente ponernos ahora a hacer una especie de «lista de la compra». Así que intentaré ser breve: están los Premios Ignotus, que he ganado varias veces en las categorías de mejor novela, mejor novela corta y mejor cuento. El premio Asturias de novela que la Fundación Dolores Medio concedió a la primera versión de La sabiduría de los muertos. El UPV de relato breve fantástico. El UPC de novela corta, donde nunca he podido obtener el premio principal (es una de esas espinitas que uno tiene clavadas) pero donde sí obtuve el segundo premio en una ocasión y del que quedé finalista varias veces. Y, por supuesto, el Premio Minotauro de novela. Tengo un apartado especial en mi aprecio para los premios Ignotus, concedidos anualmente por la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror. Es un premio que quizá en términos objetivos no es demasiado relevante (no es muy conocido fuera del mundillo de aficionados) pero que para mí significa, en cierto modo, el reconocimiento de «los míos», de «mi gente». Y eso, por supuesto, implica una carga emocional que otros premios, quizá más importantes, no tienen. Eso no significa que de menos importancia a otros premios, por supuesto, sino que no tienen el mismo contenido emocional (casi diríamos que sentimental) para mí. Y, por supuesto, recibir el Premio Minotauro ha supuesto una de las mayores satisfacciones que me ha proporcionado (y me está proporcionando) mi labor como escritor.
Y ahora sí, le damos la vuelta a la entrevista Casi tendría que decir que fue ella la que se interesó por mí. Hablando en serio, llegué a ella a través de dos caminos, distintos pero complementarios. El primero fue el cómic. El tebeo de superhéroes atrajo mi atención desde la primera vez que, para mi desgracia, posé la mirada en una portada. Si no recuerdo mal, en un quiosco en una estación de tren de Algorta, en Vizcaya. No tendría más de seis o siete años. Y era un Conan. A partir de ahí me convertí, aunque, entonces aún no conocía el término, en un auténtico Marvel-zombi. Con los años, sin embargo (y aunque el material de los 60-70 de Marvel me sigue gustando mucho) me he ido orientando cada vez más hacia la DC. El segundo camino fue a través de mi padre, lector habitual de ciencia ficción. Inevitablemente, me atrajeron aquellos libros que leía y desde que yo mismo leí el primero, estuve perdido. Asimov, Clarke y Dick cayeron en mis manos casi sin solución de continuidad. Recuerdo (tendría unos nueve años) que la primera novela de Dick que intenté leer fue Tiempo de Marte (titulado Tempo marciano en la edición de Vértice que mi padre puso en mis manos) y supuso un auténtico calvario: no terminaba de entender que el protagonista era un esquizofrénico y que la novela estaba contada muchas veces desde su punto de vista. No comprendía qué pasa, ni por qué, y me resultaba muy difícil seguir adelante. Sin embargo, de algún modo, no podía evitar seguir leyendo. La terminé, y el universo hostil, irracional y paranoico de Dick me atrapó para siempre. ¿Cuáles son tus autores favoritos y por qué? ¿Y género? Es muy difícil de decir. Son muchos los autores que he leído, me han gustado y me han influido y, según el momento en que me pilles, te puedo mencionar unos u otros. Destacaría a Robert Graves, cuyas novelas de Claudio son para mí lectura y relectura inevitable desde antes de la adolescencia. A John le Carré, cuya disección del alma y el carácter ingleses me parecen insuperables. A John Steinbekc, un novelista sensible y, al mismo tiempo, duro como pocos. A Borges, cuyos milimetrados relatos fantásticos captaron mi atención en una época muy temprana. A García Márquez, desbordante, vital, deslumbrante y sobre todo con una capacidad asombrosa para hacer que lo mágico parezca cotidiano y lo cotidiano, mágico. A autores de cómic como Neil Gaiman y Alan Moore, cuya integración de los elementos más cultos de la tradición fantástica en la narración tebeística es modélica. A Philip K. Dick, ya mencionado, cuya irracionalidad atormentada me fascina. A… En cuanto a los géneros. Ciencia ficción, fantasía, terror, policíaco, novela negra, novela histórica, novela de aventuras, el folletín, el western… La literatura de género, en realidad, casi diría que de cualquier género.
Es cierto eso que leí de que fuiste descubierto por los editores de Tránsito. ¿Cuándo te publicaron por primera vez? ¿Cómo fue, cómo te sentiste? ¿Alguna vez tuviste la certeza de que llegarías a donde has llegado? Lo primero, decir que no he «llegado» a ninguna parte. De hecho, espero no «llegar» nunca a ninguna parte, porque entonces el viaje se habrá acabado y, francamente, no es una idea que me resulte muy agradable. En cualquier caso, mi primera publicación no fue Tránsito, sino en otro fanzine de la misma época, Maser, que editaba Juan José Parera. Aunque sí que es cierto que Tránsito fue uno de los primeros sitios donde colaboré de forma asidua. Contacté con Maser en su momento porque vi un inserto de publicidad sobre el fanzine donde se anunciaba un relato de Rafael Marín, un autor al que envidiaba furibundamente, porque estaba haciendo lo que a mí me habría gustado hacer y que aún no sabía. Después de leer varios números, me pareció que era el sitio adecuado al que enviar mis relatos y artículos. Juan José, para mi sorpresa, los aceptó, y así se inició una colaboración que duró varios años y una amistad que aún dura hoy. Verme publicado por primera vez, aunque fuera en las páginas de un fanzine más bien humilde y no muy vistoso fue… Es difícil de describir: la sensación de que, por fin, estás donde debes, de que has dado el primer paso en la dirección adecuada, el placer de sostener con tus manos un ejemplar de la revista donde aparece tu cuento… Son sensaciones irrepetibles. Certezas nunca he tenido. Ni aún hoy. Siempre tuve, eso es cierto, confianza en mis posibilidades. Sin dejar de ser autocrítico (una característica que me parece fundamental en cualquier escritor: uno debe ser siempre el juez más implacable de su propia obra) al mismo tiempo siempre confié en mí mismo.
¿Cuál es tu método de trabajo? Mi método es que no tengo método. Eso no es del todo cierto, pero digamos que me enfrento con cada novela como si fuera la primera, intentando adaptarme a lo que la historia me pide. No tengo una «fórmula», una serie de pasos y técnicas que aplico siempre, escriba lo que escriba, sino que muchas veces es la historia que estoy contando la que me impone una técnica, un tono, un proceso distinto. Sí hay ciertas directrices comunes, por supuesto: tener siempre claro hacia dónde quieres llevar la novela, aunque no estés seguro de cómo llegar allí, por ejemplo. Generalmente empiezo con una idea que me parece atractiva y a la que doy vueltas en la cabeza unos días. Luego, cuando creo que está lo bastante madura, me siento a escribir sin tener demasiadas ideas preconcebidas: más bien tanteando, a base de prueba y error, si el tono, el modo de narrar que estoy usando es el adecuado para la historia. A veces lo es, y todo va bien. A veces no, y tengo que empezar de nuevo hasta que lo encuentro.
No reniego de ninguna. Eso sería como renegar de mi propio pasado, no aceptarlo. Algunas, evidentemente, las escribiría hoy de otro modo, quizá contando las cosas de otra manera, resolviendo los problemas de otra forma. Pero todas fueron, en su momento, la historia que quería contar. Todas son parte de mí, o lo fueron en el pasado. Y, por tanto, las acepto y las asumo todas, con todos los defectos que puedan tener (que los tienen). Mencionaré tres que son, quizá, las que considero más redondas: El sueño del rey rojo, Los sicarios del cielo y Sherlock Holmes y Las huellas del poeta. Son tres novelas muy distintas (un ciberpunk, una fantasía oscura y una fantasía histórica con elementos de policíaco), pero creo que las tres están entre mis obras mejor acabadas, más maduras y más interesantes.
¿Y ese amor hacia Sherlock Holmes, cómo y cuándo surgió? ¿Y cómo fue que empezaste a escribir historias ambientadas en este apasionante universo?
Surgió muy temprano, en la infancia. A través de una serie de televisión de la BBC donde Peter Cushing interpretaba a Holmes. A partir de ahí, sentí interés por leer las historias de Conan Doyle. Y, desde aquel momento, Holmes fue para mí una voz familiar, un rostro conocido, casi como si fuera un personaje propio. Dar el salto y empezar a escribir sobre él resultó casi inevitable. De hecho, empecé a hacerlo en la adolescencia, una época en la que pasaba buena parte de mi tiempo como escritor pergeñando continuaciones de libros o películas que me habían gustado. De todos esos intentos, no sobrevivió ninguno, pero el personaje de Holmes siguió empeñado en hacerse un hueco en mi obra, hasta que finalmente lo consiguió. ¿Alguna anécdota digna de mencionar a cerca de Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos? Algo que ya he dicho otras veces: siempre me sorprende que la novela que menos tiempo y esfuerzo me llevó escribir (entre una y dos semanas) sea al mismo tiempo una de las favoritas del público. No quiero decir que la novela no me guste, o que no comprenda por qué gusta a los demás, pero me deja perplejo la contradicción de que el esfuerzo y los resultados no guarden relación. Y por supuesto, otra pregunta de rigor; ¿cómo ves el panorama actual de la cifi española? ¿Es cierto que estamos viviendo uno de los mejores momentos en cuanto a publicación de autores españoles? ¿Crees que se escribe buena cifi? Editorialmente estamos viviendo un buen momento, sin duda. No todo lo bueno que sería deseable o posible, pero sin duda mucho mejor que cualquier momento en el pasado. Y, sobre todo, con buenas perspectivas de futuro, de que la tendencia a ir mejorando y llegando a públicos cada vez más amplios se vaya manteniendo en el tiempo y no sea una cosa pasajera. Y por supuesto que se escribe buena ciencia ficción y fantasía. Yo diría que incluso muy buena. Vamos, que podemos afirmar sin faltar a la verdad que estamos, por fin, al mismo nivel literario que otros países de nuestro entorno. Y que, en realidad, lo único que falta es que el mercado responda como queremos a nuestros autores, que sin duda tienen calidad suficiente para ser apreciados por el público.
¿Qué es exactamente Avalon y desde cuándo perteneces a dicha asociación? Diría que pertenezco a ella desde 1999, que es cuando se constituye oficialmente como asociación. En realidad, desde 1993, que fue el año en que empezamos a reunirnos en el bar de ese nombre, y que es cuando nace la tertulia de literatura fantástica de Gijón, núcleo del que surge Avalón. La creamos como asociación cuando decidimos organizar la HispaCon del año 2000: necesitábamos tener una base organizativa para acceder a subvenciones. En cuanto a qué es: básicamente el colectivo que organiza las AsturCones, los encuentros de ciencia ficción y fantasía que tienen lugar dentro de la Semana Negra de Gijón.
AsturCon , háblanos de ella y dinos hasta qué nivel estás implicado. Implicado, tanto como cualquier otro de los miembros de Avalón. La AsturCon se organiza entre todos, todos toman las decisiones y el trabajo se reparte entre los distintos miembros, de acuerdo a su disponibilidad de tiempo, capacidad o intereses. En mi caso, mi tarea principal es hacer de «enlace» con la organización de la Semana Negra y consensuar con ellos el programa de actividades, transmitirles las peticiones que tengamos, proponerles alguna idea, sugerir la posibilidad de invitar a este autor o al otro… este tipo de cosas.
Y, por supuesto, el acontecimiento principal es la «espicha»: una celebración tradicional asturiana. Básicamente una cena informal que tiene lugar en un «llagar» (donde se hace la sidra) y que nosotros hemos reconvertido en una suerte de cena de disfraces de temática fantástica. El año pasado el tema fue el medievo, y ahora le va a tocar el turno a la época victoriana. Si me permites la publicidad, puedes encontrar toda esa información, y algo más, en la página oficial de la AsturCon: www.asturcon.org ¿Y Estación de nieblas, es el nuevo fenómeno verdinegro? ¿La tabla de salvación fandomita? Por cierto, ¿cómo eres capaz de abarcar tanto? No somos la tabla de salvación de nadie, eso que quede claro. Ni vamos a sustituir a nadie, ni a reemplazar a nadie, ni a relevar a nadie, ni mucho menos a heredar el manto de nadie. Estación de nieblas es, sencillamente, un portal dedicado al fantástico, articulado en torno a una serie de foros temáticos y completado con material como artículos, reseñas de libros y algunas cosas más que irán apareciendo en el futuro. Es cierto que sin la desaparición de cYbErDaRk.NeT no nos habríamos planteado nunca la creación de algo como Estación de nieblas : digamos que nos cerraban un lugar de reunión y, en vez de irnos a otro, decidimos abrir el nuestro propio. Pero no es menos cierto que nunca pretendimos ser los herederos ni los sucesores de nadie. Y que, desde el primer momento, intentamos marcar nuestra web con una personalidad propia y diferenciada. En cuanto al tiempo… no soy más que uno en un equipo de nueve personas, así que si repartes bien las tareas, en realidad no es mucho el trabajo que implica. Unas palabras para los lectores de NGC 3660… Pues, simplemente, agradecer vuestra paciencia por haber seguido leyendo esta entrevista hasta el final y esperar que no os haya resultado demasiado duro. Y, por supuesto, no puedo despedirme sin comentar que es un placer asomar por aquí. Creo que tenéis una web de lo más apañada y espero que, poco a poco, vaya creciendo y tomando la relevancia que se merece.
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