El mensajero PDF Imprimir E-mail
Escrito por Juan Folguera Martín   
Martes, 13 de Octubre de 2009 10:00
 
[2 pags. aprox]

 

El mensajero sacó el cuchillo de hoja curva de su funda y lo colocó en el cuello del posadero.

—Debería matarte aquí mismo —dijo.

El posadero, al sentir la punta del cuchillo clavándose en su piel, retrocedió de puntillas unos cuantos pasos hasta que se encontró con la puerta cerrada.

—Lo siento, mi señor, ya le he dicho que los soldados se llevaron el último caballo de refresco.

—Eso no es excusa para los mensajeros del Gran Señor.

—Mi señor, creo que si guarda su cuchillo, podríamos buscar una solución. Tengo una hija.

El mensajero retiró el cuchillo del cuello del posadero y se atusó con la mano izquierda las puntas de su bigote negro y grasiento. Aunque mantuvo los ojos delante del posadero, ya no lo veía. Seguramente pensaba en que era de noche, apenas había luna y los campos estaban cubiertos de nieve. Había sofocado a su caballo galopando demasiadas leguas y los dos necesitaban descansar. A la mañana siguiente continuaría con su viaje. Unos instantes después gruñó, apartó al posadero de un empujón y abrió la puerta de la posada.

El interior estaba casi a oscuras. La única iluminación provenía de la vela que sujetaba en la mano una mujer muy corpulenta en camisón que no se atrevía a mirarle directamente a los ojos. El posadero entró poco después y encendió varios candelabros. Aunque la estancia ocupaba casi toda la planta baja de la posada, en penumbra no parecía demasiado grande. El mensajero cogió con una mano un taburete de madera, lo colocó debajo de sus piernas y se sentó junto a una mesa.

—Mi señor, ¿desea cenar? ¿Quiere que le encienda el fuego?

—No, me basta con una jarra de cerveza.

—Yekaterina, apresúrate, ya has oído a nuestro señor.

Después de vaciar cuatro o cinco jarras de barro, el mensajero eructó.

—Y bien. ¿Dónde está?

El posadero y su mujer se miraron en silencio unos segundos, hasta que el mensajero destrozó una de las jarra de barro vacías tirándola contra la pared.

—Traedme a vuestra hija, maldita sea.

—Señor…

El mensajero se levantó de un salto, desenfundó de nuevo el cuchillo de hoja curva y se acercó tambaleante al posadero.

—Acompañadme, por favor — dijo.

Cogió una vela de uno de los candelabros y lo guió por unas escaleras estrechas mientras le comentaba que tenían escondida a su hija porque atravesaban tiempos difíciles. Por fin llegaron a lo que parecía la puerta de un desván. El posadero la abrió después de dar varias vueltas con una llave enorme.

—Adelante, mi señor.

El mensajero desenfundó su cuchillo y lo colocó en el cuello del posadero.

—La vela —le pidió.

Después se asomó al desván con la vela en la mano y parpadeó varias veces hasta que distinguió al fondo la mancha blanca de lo que parecía una muchacha en camisón.

—Si oigo que cierras la puerta, primero saco los ojos a tu hija y luego te los sacó a ti.

El mensajero guardó el cuchillo en su funda de cuero y entró en el desván con la vela en la mano. La muchacha estaba tumbada de lado en el suelo, de espaldas a la puerta. En cuanto escuchó los pasos pesados del mensajero, se giró. Tenía el pelo muy oscuro y despeinado y le cubría toda la cara. Después se puso de pie. Llevaba los cordones del camisón desatados. El mensajero le adivinó el inicio de los pechos, sin necesidad de asomarse demasiado. Se acercaron el uno al otro, pero antes de que llegaran a tocarse, la muchacha apagó la vela de un soplido.

—¿Te gusta jugar? —preguntó el mensajero.

Sintió la mano de la muchacha subiendo por su brazo y examinado su cara. Estaba muy fría. El mensajero le agarró de la muñeca y la atrajo hacia él. La muchacha le respondió con un gemido dulce, como el ronroneo de un gato. Después la apretó contra su cuerpo para que notara su excitación, que apenas podía soportar desde que sintió los labios de la muchacha en su cuello. El mensajero suspiró en cuanto sintió los colmillos clavándose en su cuello, para ir poco a poco, mareándose y perdiendo las fuerzas en las piernas, hasta caer al suelo como un pellejo vacío.

 

 

 
Comentarios (2)
Re: Gracias
2 Miércoles, 14 de Octubre de 2009 09:06
Un placer... Smile

Gracias
1 Martes, 13 de Octubre de 2009 08:18
Muchas gracias Pili B por la publicación. Very Happy

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