| Unas preguntas de rigor a... Joan Antoni Fernández [2009] |
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| Escrito por NGC 3660 |
| Viernes, 02 de Octubre de 2009 17:30 |
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[4 pags. aprox]
¿Cómo han pasado estos años? A qué has dedicado tu tiempo, vaya… Eso me recuerda a una canción de José Luis Perales. ¿A qué dedico mi tiempo libre? Mmm... La verdad es que el último par de años ha sido bastante caótico por problemas laborales, familiares y hasta de salud. Todo junto, ale, sin término medio. O sea que de «tiempo libre», poco y malo. Eso sí, cuando se ha podido se ha escrito algo, en especial artículos y reseñas. He mantenido más mal que bien cierta periodicidad en la sección Scratch! de BEM On Line, reseñando varios cómics, y también he comenzado un guión de ci-fi para un posible cómic. Poco más, sólo cosas ligeras para matar el gusanillo del escritor.
De todo el camino recorrido hasta el momento, ¿de qué te sientes más orgulloso? (En cuanto a literatura) Mirando hacia atrás, sin duda de todos los libros que me han publicado... y los que espero publicar. Siempre es una satisfacción ver tu obra impresa, aunque sólo sea en opúsculos parroquiales. Y no es el caso, ey, al menos «no en todo» lo que tengo impreso. Hasta ciertas editoriales de verdad (pequeñas, pero «de verdad») se la han jugado al publicar obras mías y lanzarlas a eso que de forma eufemística se llama «el mercado.» El que algún editor descerebrado haya tenido la osadía de gastarse los cuartos en publicar algo escrito por mí siempre me ha maravillado. Eso demuestra que en el mundo existe gente incluso más chiflada que yo. ¡Quién lo iba a decir!
¿En qué crees que has perdido el tiempo? En conceder entrevistas... Si ya cuesta horrores encontrar algún iluso que quiera leer mi obra, imagínate qué interés puede tener nadie en saber mis opiniones. Cero patatero. Normalmente, hasta las entrevistas a Gente Importante (de los que usan calzoncillos Calvin Klein y/o tetas siliconadas marca Dolce Gabbana, oyes) suelen pasar bastante desapercibidas... a no ser que se realicen en «La Noria» o en «Sálvame», por poner algún ejemplo de rigor (ejem). Bueno, siendo sincero creo que el error más grande ha sido no salir del circuito «fandom» y tratar de publicar en eso que es conocido como la Literatura General. Me explico: mucho me temo que, al igual que otros muchos, en un principio me dejé tentar por la idea de ser reconocido dentro de un círculo de «entendidos» y aficionados a la Cosa. Todos amigos, todos aficionados a los robots, los ordenadores, las naves espaciales, los viajes en el tiempo, Star Trek, Star Wars o La Saga de los Aznar entre otras cosas. Una pomposa parafernalia que suele acompañar el decorado por el que se mueven los llamados «nerds», «geeks» y «otakus», o sea la clase de «frikis» que en el fondo también somos. Vale, muy bien, no tengo nada en su contra, como «hobby» ser «friki» es una decisión muy honorable, incluso divertida. Pero si uno también es (o pretende ser) escritor, lo lleva claro. Enseguida te etiquetan dentro de alguna tendencia, conformando a tu alrededor una especie de muro invisible que te aleja de las otras tendencias y del público en general. Así tus obras (editadas en tiradas muuuy cortas porque «no hay tanto aficionado» que las compre) no ven la luz más allá de ciertos locales ocultos en Madrid y Barcelona que más bien parecen «sex shops» («tiendas especializadas» las llaman, y sin duda lo son: al menos en eso de espantar a clientes «normales»). Encima los aficionados al género no suelen ir muy boyantes de «cash» y compran más bien poco, aparte de su inclinación hacia nombres anglosajones u otros que sólo pueden pronunciarse escupiendo, desdeñando con cierta prepotencia a los autóctonos, ya que «ellos escriben mejor» (ay, todo buen «friki » es un escritor en potencia, frustrado y cabreado hacia quienes pueden publicar algo, aunque sea un listín telefónico de Ganímedes). O sea, que uno se siente atrapado en el «fandom.» Dentro, se le tolera con cierta condescendencia, mientras fuera se le ignora o se le mira como a un bicho raro por escribir esas cosas tan infantiles. Pero contestando a tu pregunta, creo que he perdido el tiempo contestando a esta pregunta.
¿Qué hay de tu experiencia en la Radio? ¿Cómo fue que surgió la oportunidad y cuál era tu cometido? Pues fue muy interesante, la verdad. Tanto, que seguramente volveré a repetir en un futuro a medio plazo. A pesar de que el programa era en una radio local (Mataró Radio), teníamos un equipo creativo de primer orden... y eso que yo formaba parte del mismo. Un buen amigo mío conocía a la escritora Care Santos, «alma mater» de la idea, y me invitó a formar parte del proyecto. Se trataba de hacer un espacio semanal sobre Literatura, con noticias, comentarios y entrevistas a escritores, todo ello aderezado con buena música. Yo era un colaborador más, aunque tenía mi sección propia de unos quince minutos, donde me inventé «El bomber», un personaje a lo Fahrenheit 451. Cada semana me leía y comentaba en tono jocoso una novedad editorial, salvándola (o no) de la hoguera purificadora. Lo extraño del caso es que hasta logré tener un grupo de fieles oyentes, siempre pendientes de mis comentarios. Por desgracia el equipo se deshizo, Care Santos marchó a ComRadio y aunque desde la emisora insistieron para que los demás continuáramos con el proyecto, yo en aquellos momentos no pude dedicarle más tiempo. Pero espero volver algún día, la experiencia fue muy gratificante.
Tras cinco años desde nuestra anterior entrevista, otra pregunta de rigor: ¿cómo ves el panorama tanto editorial como creativo dentro del género de la cifi? Pues creatividad aparte, siempre he visto el panorama editorial bastante negro. Aunque existen muy buenos creativos, escribir cifi para ser publicada aquí y ahora resulta casi una misión imposible. Ahora mismo la ciencia ficción española ni siquiera está considerada, no existe y punto. El público en general, y los grandes editores en particular, piensan que es una «frikada» que sólo interesa a cuatro gatos. A todo ello añadamos la ya crónica crisis de lectura que atraviesa este país, donde sólo se compra (que no se lee) el último «best seller» a la espera de que salga la película. Incluso las nuevas generaciones de aficionados a la cifi no son, repito: «no son», lectores de libros. Todo lo más ojean revistas «especializadas» o leen alguna reseña. De hecho prefieren adentrarse en el género a través de cómics, de películas y, cada vez en mayor medida, de videojuegos. La cosa está chunga, la verdad. Tentado estoy de disecar a los pocos lectores que todavía tengo, con el tiempo valdrán una fortuna. Por otra parte, siempre me ha parecido que la expresión «escritor de ciencia ficción» es una especie de oxímoron muy divertido. El oficio de escribir, hoy en día, resulta de un arcaicismo casi fuera de lugar. Por otra parte, el concepto «ciencia ficción» trata de hacer referencia al futuro, lo que aún está por llegar. Así que «escritor de ciencia ficción» podría describirse como «aquel individuo que mediante la utilización de un medio arcaico y casi en desuso del pasado trata de describir los avances tecnológicos, los portentosos viajes o las sociedades futuras que todavía no han sido creadas o son más avanzadas que la actual.» Todo un contrasentido, sin duda. La pregunta es si en el futuro inmediato será posible mantener vigente a la escritura, ya no digo como arte, incluso como simple herramienta de comunicación humana. La creciente explosión de medios audiovisuales hace que, hoy en día, muchísima gente ya sea analfabeta, en el sentido de que les cuesta escribir o leer «ualquier cosa.» Y lo más triste es que semejante deficiencia ya no es relevante en la sociedad actual. El personaje de Mr. Chance que Jerzy Kosinsky retratara genialmente en su obra Desde el jardín ya hace tiempo que vive entre nosotros. En buena medida «somos nosotros.» O sea, que para la literatura en general, y la de cifi en particular, pintan bastos.
Cuéntanos la última experiencia con Espiral CF, ¿cómo se decidió ésta a publicarte Democracia Cibernética? (Porque sé de buena tinta que la novela ha dado sus buenas vueltas…) La verdad es que Juanjo Aroz es una excelente persona... a pesar de ser también un buen editor. Claro que él finge no ser esto último, aunque su obra (Espiral CF) habla por sí sola. El caso es que Juanjo sabía que yo guardaba la novela en un cajón (al fondo, a mano derecha, por si nos lee algún mitómano empedernido). Democracia cibernética fue la primera novela que yo escribí, hace de ello una porrada de años. En realidad fue el desarrollo de un cuento largo titulado Madre aguarda, animado por las buenas críticas de mis familiares y amigos, y su objetivo era presentarme al Premio Ultramar... para ganarlo. Toma geroma. Al final el premio quedó suspendido, la editorial se fue al agua y yo me quedé compuesto, pero con novela escrita. Años más tarde, cuando yo ya había publicado otras cosas, varios editores del «fandom» se interesaron por la obra, pero al final nunca llegó a publicarse. Estuvo a punto de hacerlo en Silente, pero al final la cosa no cuajó, aunque todavía no sé por qué. Y hete aquí que un buen día Juanjo me llamó para interesarse por mi salud, tras el arrechucho que tuve. Comenzamos a hablar, una cosa llevó a la otra, y tal vez sólo con el deseo de animarme, el hombre se comprometió a publicar la novela si yo la corregía, poniéndola al día y dejándola en condiciones. Juanjo puede ser buena persona, pero no es tonto, no iba a publicar un bodrio sólo para animarme. Así que mientras convalecía en casa me puse a revisar el manuscrito de arriba abajo. Al principio me desesperé, porque había quedado muy antiguo, como una peli de James Bond. Entre otras cosas, en la historia no se mencionaban ni móviles, ni Internet, ni pantallas planas. Vamos, que se notaba bastante anacrónica y su decorado no parecía futurista en absoluto. Pero al menos continuaba teniendo acción a raudales (marca de la casa) y la idea principal, el meollo del asunto, volvió a cautivarme. Por eso me puse manos a la obra y «decoré» la trama con tecnología moderna, actualizándola al máximo. No obstante, considero que Democracia cibernética es más bien una obra de Filosofía Ficción, o tal vez de Sociología Ficción, un decorado más o menos moderno no le quita validez alguna. Creo honestamente que, a pesar del ritmo frenético que impregna casi toda la historia, el argumento obliga al lector a reflexionar... aunque sólo sea a reflexionar sobre cómo ha podido gastarse el dinero en semejante bodrio. Total, que finalmente Democracia cibernética ha visto la luz. Si hasta es posible que hagan una película... ¿Qué pasa? Soñar es gratis.
¿Qué cambios ha sufrido la novela original? Eso ya lo he explicado en la pregunta anterior. Básicamente he cambiado, más bien actualizado, el decorado donde se mueven los personajes. La supercomputadora Madre ha sido perfeccionada, así como las redes computacionales que antes no existían. He añadido un trasunto de Internet, incorporado los móviles, hasta el GPS entre otros adminículos. Algo impensable cuando escribí el original hace ya varias décadas. Digamos que es una historia mejorada tecnológicamente, más avanzada, como si fuera la versión retocada de un modelo de coche (¿un Golf?). Pero el motor sigue siendo el mismo, ruge con suficientes caballos de potencia para que todos los cambios sólo sean formales y no de fondo. Y claro, quieras que no, he intentado pulir el estilo (sin duda garrulo, pero eso también es marca de la casa).
Sin profundizar demasiado en su trama, para no desvelar misterios, háblanos de ella. Con qué disfrutaste más. Qué parte te hace sentir más orgulloso…
En realidad Democracia cibernética es una obra de la cual disfruté mucho, tanto en su escritura original, como más tarde en su revisión final. Y es que tiene una trama muy ágil, no paran de suceder cosas en sus capítulos. Éstos son cortos y tratan de mantener atrapado al lector, siempre en vilo. Es como subirse a una montaña rusa, donde siempre estás esperando un giro todavía más espectacular que el anterior. Mi idea era crear un estado de ánimo donde la acción condujera en volandas hacia un final impactante, crear la sensación de que los personajes, y el lector con ellos, son incapaces de decidir su destino y van cabalgando de forma desbocada a lomos del azar, el cual les conduce hacia... la democracia cibernética, por supuesto. De lo que tal vez esté más orgulloso es de la idea que expongo. No quiero desvelar nada, pero digamos que, en cierto sentido, trato de dinamitar el propio concepto de democracia que tenemos en Occidente. Y hasta aquí puedo leer...
Expectativas… Ganar la Primitiva y que me concedan el Premio Nobel, nada del otro mundo. En cuanto a la novela, que guste, que se venda y, si es posible, incluso que alguien llegue a leerla.
Proyectos de futuro… Aunque no es nada nuevo, seguir escribiendo. Y si me publican, ya sería la leche.
Las palabras de rigor para NGC… Mientras no sean de rigor mortis... Bromas aparte, mi relación con NGC siempre ha sido muy cordial, diría que entrañable. Ni siquiera tengo en cuenta que se me ha publicado en varias ocasiones, pero es que NGC puede con todo, hasta conmigo. Sólo espero que no se os suba el Ignotus a la cabeza, ey, que ya vale. Es más divertido sin premios, os lo aseguro. Así que os dejo con una divisa clásica: «Per áspera, ad astra.» ¡A seguir disfrutando, al final es lo que cuenta!
Unas preguntas de rigor... a Joan Antoni Fdez. [año 2005] Este enlace te lleva a en YOUTUBE la presentación de la novela Democracia Cibernética ... Y pinchando aquí verás el trailer de la novela
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